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     La memoria es un conjunto de muchas cosas distintas. Es la imagen que llega a nuestra mente cuando recordamos la casa en la que vivíamos cuando éramos niños. Es la capacidad de subirse a una bicicleta y salir pedaleando sin pensar en cómo hacerlo. Es la sensación de intranquilidad que se asocia al lugar donde una vez nos sentimos atemorizados. Es reencontrar un camino conocido. Y también, saber que la Estatua de la Libertad está en Nueva York o tener presente el plan que tengo para el sábado (memoria prospectiva).

    No es pues sorprendente que una función del cerebro tan compleja y polifacética sea difícil de encasillar. Cada tipo distinto de memoria se almacena y recupera de diferente manera, y docenas de áreas del cerebro están implicadas en una compleja red de interacciones. Sin embargo, la geografía de la memoria empezó a aclararse hace solamente 20 años. Para entender la memoria, tenemos que observar la conducta de las neuronas individualmente, porque ahí es donde nacen los recuerdos.

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