Identificarse

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Las formas de conocimiento

La imaginación

     Vivimos en el mundo, adaptándonos a él. Sin embargo, también es cierto que lo adaptamos a nuestros intereses y necesidades. Si lo piensas bien, casi todo lo que comemos, lo que vestimos, y usamos es un invento de la imaginación humana.

     La percepción nos da una primera información y nos permite una primera adaptación. El aprendizaje permite un ajuste mucho más activo, puesto que desencadena respuestas a la realidad que nos rodea. Pero las respuestas aprendidas suelen ser rígidas: son respuestas estereotipadas a situaciones repetidas y “sabidas”. ¿Qué pasa cuando el animal o el hombre se encuentran en situaciones nuevas y, sobre todo ante dificultades y “problemas”? Entonces, entran en acción la inteligencia, la razón, y otra forma de relacionarse con el mundo: el pensamiento. Ya no trata directamente con las cosas materiales, sino que se retira a su interior, y trata mediante símbolos o ideas sobre las cosas. Es en ese momento, cuando se manifiesta que el hombre es capaz incluso de crear mundos distantes o futuros: el pensamiento se hace entonces creativo. Tradicionalmente, se ha considerado que el pensamiento es lo propio del ser humano, su mejor característica.

    Pues bien, inteligencia, pensamiento y creatividad, son tres conductas particularmente unidas a formas de conocimiento, como la razón, la experiencia y la imaginación.  Tradicionalmente, la inteligencia y el pensamiento, junto con la razón y la experiencia empírica, han sido facultades y formas de conocimiento muy valoradas. Sin embargo, hay un momento previo en que todo descubrimiento se mueve en la antesala de la imaginación, de la mera especulación que carece todavía de fundamento. Analizar su importancia, su aportación y sus límites en relación al conocimiento, es el objetivo de este tema, pues cabe pensar que sin la imaginación, el espíritu humano se empobrecería profundamente.  

 

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